miércoles, 8 de febrero de 2012

Loneliness*

En numerosas ocasiones la gente me pregunta cómo estoy (¿y a quién no?). Mi respuesta siempre es la misma: ''bien, sin nada que contar... como siempre'' aunque en la mayoría de veces sea mentira.
Siempre resulta mucho más sencillo fingir que todo va bien y que no hay ningún problema a explicar tus problemas y tus preocupaciones, sobre todo cuando no hay nadie para escuchar.
Porque, ¿qué es la soledad sino la ausencia de gente con la que compartir tus sentimientos y tus emociones?
Nacemos solos y morimos solos, y no hay nada que podamos hacer para evitarlo. No acabo de entender la necesidad que tenemos de pasarnos el día rodeados de gente, como si quisiéramos que alguien esté presente para ser testigo de todo lo que hacemos y decimos, como si fuera a cambiar algo, como si sirviera para que alguien nos recuerde cuando ya no estemos.
Testigos, como lo es la luna de un beso en una noche de verano; como el sol en un paseo por el parque; como unos curiosos ojos a través de una ventana que nos espían con sigilo; como una luz al final del camino, que está ahí para guiarnos y darnos fuerza para levantarnos en las caídas y saltar los obstáculos...

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